COFRADÍA JESÚS NAZARENO Y CRISTO RESUCITADO
C/ San Antonio, 2 1º planta despacho 5
Concejalia de Participación Ciudadana
28931 Móstoles ( Madrid)
HISTORIA DE LA COFRADIA 
LA FIESTA DEL DOMINGO DE RESURRECIÓN


Según los escritores D. Juan Ocaña Prados, en su libro “Apuntes para la Historia de la Villa de Móstoles” y D. Koldo Palacín Ara, en su libro “Móstoles, Memorias de un Pueblo”, describen como se venía celebrando “El Encuentro” en los años 1904 – 1908, que es prácticamente igual al que se viene celebrando en la actualidad, con la novedad del cambio de sitio al que se venía realizando. En aquella época se celebraba en la plaza de de la Constitución y, posteriormente se ha venido celebrando, en la calle Antonio Hernández. En la actualidad se celebra en la plaza de los Cuatro Caminos. 
Durante la guerra civil española, la imagen de Cristo Resucitado fue destruida al igual que el resto de las imágenes. La imagen de Cristo Resucitado que viene realizando El Encuentro, fue donada a la Parroquia de la Asunción por Dª Consuelo Manzano Gómez (q.e.d.), en el año 1943 aproximadamente. 
D. Juan Ocaña Prados, nos describe el Festividad del Encuentro de la siguiente manera: 
“Después de los días tristes y melancólicos de la Semana Santa dedicados a recordar las terribles escenas del drama, cuyo desenlace tuvo efecto en el monte de las calaveras, con la crucifixión del divino Jesús, parece que el alma espera anhelante el momento de la resurrección para inundarse de alegría y entregarse al placer que en los cristianos produce tan fausto acontecimiento. 
Por eso, al llegar el sábado de gloria y anunciar las campanas con sus alegres sonidos que el Divino Maestro resucitó y subió a los cielos, siente el pueblo cristiano inmenso regocijo, cual si en aquel momento se disipasen las tinieblas y alborease un nuevo y esplendente adía. 
Las mujeres y los niños acuden al templo con vasijas a proveerse de agua bendita; las salvas atruenan el espacio y el grito de ¡Aleluya! Parece oírse en las alturas como divino pregón de felicidades. 
Esta fiesta, que con tanto entusiasmo celebra el orbe católico, tiene en Móstoles un carácter especial, y vemos a describirla. 
Desde las primeras horas de la mañana del Sábado Santo empiezan a construirse por cuenta del Ayuntamiento arcos de romero florido en la plaza de la Constitución, que suelen quedar terminados al medio día y colocados; uno, a la entrada de la Plaza, frente a la calle El Gato; otro en el extremo opuesto, donde empieza la travesía del Pradillo; y un tercero, junto a la Ermita de la Virgen de los Santos. En la parte superior de ellos se coloca un cruz, también de romero, adornada con bastantes naranjas y limones; arcos que son custodiados durante la noche para evitar que algún mal intencionado trate de quitar las naranjas. 
Hasta hace pocos años, amenizaban la fiesta dos gaiteros que eran del inmediato pueblo de Fuenlabrada (el tío Quintín y su hijo). Hoy se ha sustituido el tamboril y la gaita por una murga de Madrid. Los gaiteros llegaban el sábado a las once, anunciando su entrada en el pueblo con un buen redoble de tambor, acudiendo a recibirlos toda la chiquillería, que bailoteando y dando saltos al son de la tocata, los acompañaba hasta la casa del señor Alcalde; y después de presentarse a la autoridad –que solía obsequiar a los gaiteros con un buen vaso de vino- recorrían las principales calles de la Villa alboroteando, alegremente a las gentes y espantando a los perros, que huían como el alma que lleva el diablo al sentir el tambor y el pífano. 
Igual costumbre ha seguido la murga que reemplazo a la gaita, habiéndose ganado poco con el cambio, por lo que la armonía respecta. 
Apenas la alborada con sus más tenues claridades anuncia la proximidad de Pascua de Resurrección, despiertan al vecindario los regocijos sones de las campanas de la Iglesia, que son volteadas con celeridad, llamando a los fieles, y a los acordes de la música que va en busca de los Mayordomos y del Ayuntamiento para asistir a la ceremonia sagrada. Llénase el templo de fieles que acuden a presenciar el acto de que Cristo y la Virgen se encuentran en su carrera. 
Al efecto, un Sacerdote acompañado de dos monaguillos y de los Mayordomos del Cristo se dirigen desde la Iglesia a la Ermita para sacar la imagen de Jesús Resucitado, adornada modestamente, dirigiéndose en procesión con ella a la plaza. A la vez y calculando el tiempo preciso para que resulte bien la ceremonia, sale de la Iglesias parroquial el Clero y el ayuntamiento, acompañados de numerosos público, llevando en procesión la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, cubierto su hermoso rostro con un velo. 
La llegada de la Virgen al arco construido frente a la calle del Gato, coincide con la aparición del Cristo por el arco de la parte opuesta. Entonces el sacristán separa del rostro de la Virgen el velo que lo cubre, y continúan pausadamente ambas procesiones, simulando saludarse por tres veces las imágenes, hasta llegar a juntarse. En aquel momento, esperado por el pueblo con recogimiento, rómpase el silencio al cántico del Clero, que entona el ¡Aleluya! ¡Aleluya! La música toca la Marcha Real, las salvas atruenan el espacio y todos unidos marchan a la Iglesia, donde se celebrará el Santo Sacrificio de la Misa, en la que suele predicar un buen orador traído de Madrid con tal objeto, terminando así la fiesta de la mañana. 
A las cuatro de la tarde se repite la procesión a la Ermita la imagen del Resucitado. Tan pronto como acaba de pasar por los arcos, encarámanse sobre ellos los chicos y mozos, cogiendo las naranjas y limones que de las cruces penden, y desbaratando los arcos, llévanse las mujeres y los niños todo el romero que pueden coger, teniéndolo como cosa de bastante estimación. 
Terminada la fiesta religiosa, se traslada la música a la Plaza y allí bailotea a su placer la gente moza hasta que el sol desaparece por Occidente anunciando la proximidad de la noche. Así termina la fiesta del día de Pascua de Resurrección que con tanto entusiasmo y alegría celebran los buenos mostoleños. 
En la actualidad, cinto seis años después, “El Encuentro” se viene realizando de la misma forma que se celebraba en aquellas fechas, con el único cambio del lugar donde se celebra, ya que se viene celebrando en la plaza de los Cuatro Caminos, poniéndose un arco, en la calle del Cristo, lugar por donde entre la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, con manto negro que ha salido de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, con el siguiente recorrido: Travesía de Ricardo Medem, calle Antonio Hernández y calle del Cristo. 
De la Ermita del Nuestra Señora de Todos los Santos, parte la procesión con la imagen de Cristo Resucitado que es llevada por la Cofradía de Jesús Nazareno, bajando por la calle Agustina de Aragón, calle de Juan XXIII, hacia la entrada en la plaza, donde se encuentra instalado otro arco, adornado como el de la calle del Cristo y calle Dos de Mayor con romero y tomillo, así como con naranjas y limones y banderitas. 
Una vez que las dos imágenes, ha entrado en los arcos, pausadamente y dejando por unos segundos los tronos en el suelo, a modo de saludo, y en el momento que los dos tronos tocan sus andad y depositadas en el suelo, se produce “El Encuentro”. En ese momento a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, se le quita el manto negro, dejando a la vista de todos los asistentes su bello manto blanco, a la vez que sus costaleros se quitan su verdugo negro, quedándose a cara descubierta. Suenan las notas del Himno Nacional, se canta el “Resucitó” y “Aleluya”, mientras son soltadas palomas y se tira un pequeño castillo de fuegos artificiales. 
Finalizada la Santa Misa, y una vez las imágenes han entrado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la Cofradía de Jesús Nazareno y Cristo Resucitado y la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, ofrecen en los salones parroquiales, no sólo a los Cofrades y Hermanos, sino a todo el pueblo de Móstoles que quiera participar un aperitivo, con el que se dan por terminados los actos de la Fiesta de la Resurrección.
Posteriormente, las dos imágenes, salen por el arco doble situado en la Avda. del Dos de Mayo, por donde continua la procesión por la Vda. De la Constitución, calle de Ricardo Medem y plaza de Ernesto Peces, donde una vez que han llegado las dos imágenes se celebra la Sagrada Eucaristía.